El histórico y exigente juego sin hit de Jim Maloney
El lanzador Jim Maloney protagonizó una de las actuaciones más extenuantes en la historia del béisbol profesional durante la temporada de 1965. El 19 de agosto de aquel año, el serpentinero de los Rojos de Cincinnati completó diez entradas sin permitir imparables frente a los Cubs de Chicago. Aquella jornada requirió un esfuerzo físico descomunal, contabilizando un total de 188 lanzamientos realizados a lo largo del encuentro. El receptor Johnny Edwards recordó la dificultad de la labor, señalando que pasó el día bloqueando pelotas que rebotaban constantemente mientras los corredores se acumulaban en las bases.
Estadísticas y controversias de un brazo potente
La hazaña de Maloney incluyó 12 ponches y 10 bases por bolas, enfrentando situaciones de máxima presión con las bases llenas en dos ocasiones distintas. A pesar de su talento y una velocidad que rivalizaba con los mejores de su época, su carrera estuvo marcada por lesiones recurrentes, especialmente en la espalda, y conflictos con la directiva de su equipo. Aunque logró registrar tres juegos sin hit bajo las normativas vigentes en aquel entonces, los cambios reglamentarios implementados en la década de los noventa descalificaron uno de sus partidos más memorables, aquel donde perdió el juego sin hit en la undécima entrada tras permitir un cuadrangular.
El legado de Maloney se mantiene como el de un lanzador de potencia excepcional que, a pesar de sus tres juegos sin hit y tres juegos de un solo imparable, no logró consolidarse en el nivel de élite esperado. Su trayectoria es comparada frecuentemente con la de Sam McDowell, otro lanzador de gran fuerza de la Liga Americana que también enfrentó dificultades para alcanzar su máximo potencial. Hoy, su nombre permanece en los libros de historia como un símbolo de la exigencia física del béisbol de los años sesenta, un periodo donde la resistencia del brazo era puesta a prueba constantemente.
Fuente: Deportes