El legado de Alan Greenspan y la puesta en escena del poder
Greenspan, como todos los sacerdotes del capitalismo, disfrazaba sus fraudulentos vaticinios con los rituales del oráculo
La reciente muerte del economista Alan Greenspan ha reabierto el debate sobre la naturaleza de sus predicciones y la influencia que ejerció durante décadas al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos. Según el análisis de Carissa Véliz en su libro Profecía, el éxito de figuras como Greenspan no dependía únicamente de sus conocimientos técnicos, sino de una cuidada puesta en escena que emulaba a los antiguos oráculos. Su vestimenta, compuesta por trajes oscuros y gafas de montura gruesa, junto a su tono enigmático, le otorgaron una autoridad que trascendía los datos objetivos.
El control sobre la política económica
Robert Reich, exministro de Trabajo bajo la administración Clinton, ha descrito la influencia de Greenspan como una fuerza dominante que condicionó las decisiones de cuatro presidentes consecutivos. El economista logró imponer una agenda marcada por la reducción del gasto social y la eliminación de regulaciones financieras, bajo la premisa de que el capitalismo desregulado era el orden natural. Esta capacidad de presión sobre los líderes políticos permitió que sus augurios sobre los mercados financieros fueran aceptados como verdades incuestionables por gran parte del espectro político.
La construcción de una figura mítica
Durante su trayectoria, Greenspan fue apodado como El Maestro y El Oráculo, recibiendo reconocimientos internacionales como la condecoración otorgada por la reina Isabel II en 2006. Se tejieron mitos sobre su proceso de toma de decisiones, comparando sus métodos con los rituales de la Pitia en el templo de Delfos. A pesar de la posterior crisis de credibilidad de las políticas que promovió, su figura mantuvo un aire de serenidad científica que le permitió gobernar la economía global sin necesidad de exhibicionismos, consolidando un poder basado en la ambigüedad y la autoridad institucional.
Fuente: elpais.com