El legado humanitario de Babe Ruth más allá del diamante
La figura de Babe Ruth es recordada frecuentemente por su estilo de vida rebelde y sus hazañas en el terreno de juego, pero su faceta más humana solía pasar desapercibida. A pesar de su fama de jugador indisciplinado que desafiaba las normas de los Yankees, el legendario beisbolista dedicaba gran parte de su tiempo a visitar hospitales. El periodista Bill Slocum destacó que, por cada aparición pública captada por la prensa, Ruth realizaba cerca de cincuenta visitas privadas a niños enfermos sin buscar reconocimiento alguno.
La influencia de la infancia en su labor social
Esta profunda compasión por los más necesitados tuvo su origen en la difícil niñez del deportista, quien fue enviado a una escuela de reforma a los siete años. Bajo la tutela del hermano Matías, Ruth encontró la guía necesaria para alejarse de la delincuencia y desarrollar su talento deportivo. Esta experiencia personal lo marcó profundamente, permitiéndole empatizar con quienes se sentían olvidados por la sociedad. Un ejemplo notable fue su gesto con Johnny Sylvester, un niño herido a quien le prometió un jonrón y cumplió con tres, visitándolo personalmente tras la Serie Mundial.
Compromiso con la salud infantil
Hacia el final de su vida, mientras enfrentaba su propia batalla contra el cáncer, el pelotero mantuvo su vocación de servicio. En 1947, estableció la Fundación Babe Ruth, destinando una parte significativa de su fortuna a la atención médica y el deporte para niños de escasos recursos. Tras su fallecimiento en 1948, su legado continuó vinculado a la medicina, ya que el hospital donde murió evolucionó hasta convertirse en el reconocido centro oncológico Memorial Sloan Kettering. Su historia sirve como recordatorio de que su impacto trascendió las estadísticas del béisbol profesional.
Fuente: Deportes