Experto cuestiona colapsos estructurales tras sismos en Venezuela
Especialista en ingeniería sísmica, el académico de la Universidad de Chile aborda el fuerte episodio telúrico del pasado miércoles
El ingeniero civil y académico de la Universidad de Chile, Rubén Boroschek, ha señalado que los derrumbes de edificaciones observados recientemente en Venezuela resultan difíciles de justificar bajo los estándares técnicos actuales. El especialista, quien cuenta con un doctorado de la Universidad de California en Berkeley, sostiene que desde 1980 existen herramientas suficientes para evitar colapsos catastróficos. Actualmente, un equipo técnico de la institución chilena se desplaza hacia la zona afectada para realizar evaluaciones de campo y obtener reportes detallados sobre la situación estructural.
Diferencias geológicas y normativas
Boroschek explica que la intensidad de los movimientos telúricos en Venezuela se ve potenciada por la ubicación de las fallas sísmicas, las cuales atraviesan zonas habitadas o se sitúan cerca de la costa. A diferencia de Chile, donde la mayor parte de la actividad sísmica ocurre a distancias considerables de los asentamientos humanos, el territorio venezolano enfrenta vibraciones más directas. Asimismo, el experto destaca que el tipo de suelo en Venezuela, caracterizado por la presencia de arcilla debido al clima tropical, ofrece una respuesta menos favorable ante los sismos en comparación con los suelos rígidos y rocosos predominantes en el territorio chileno.

Deficiencias en el diseño estructural
El académico advierte que las deficiencias normativas aplicadas en décadas pasadas, particularmente durante los años 70, son las causas principales de la vulnerabilidad actual de las construcciones. Mientras que en Chile se ha priorizado el diseño de estructuras capaces de resistir terremotos con daños mínimos y baja probabilidad de desplome, en Venezuela se emplean sistemas que tienden a sufrir mayores afectaciones. Boroschek concluye que, aunque la aplicación estricta de las normas actuales podría reducir los daños, el problema radica en una cultura constructiva que no ha logrado mitigar los riesgos de colapso de manera efectiva.

Fuente: elpais.com